jueves, 26 de marzo de 2009

Crítica: "La hora oscura" de Elio Quiroga

En los últimos años el cine español ha demostrado que puede ser bastante competente con rubros habitualmente reservados a la industria hollywoodense. Prueba de ello son producciones como "El Orfanato" y la más reciente "REC" de Jaume Balagueró. En esa corriente de corte fantástico es donde se inscribe "La hora oscura" (o "La hora fría" en su país de origen) película que toma una cantidad de elementos de genero y los mezcla dando como resultado un batido que, todo hay que decirlo, no siempre funciona.

Aquí tenemos a un grupo de humanos sobrevivientes de una supuesta guerra biológica -o nuclear, o ambas- recluidos en una especie de bunker donde deben enfrentar la amenaza de los "Extraños", zombies mutantes infectados capaces de transmitir su mal solo con un toque, y de los "Invisibles", una especie de fuerza sobrenatural cuya presencia reduce la temperatura del lugar a cero.
Si uno se pone a revisar su archivo mental, es más que probable que esta breve reseña le recuerde al menos una veintena de producciones de corte similar, por lo que desde ese aspecto "La hora oscura" no ofrece nada nuevo. Pero si la novedad fuese un factor capital para hacer potable un producto de estas características lo más probable es que ninguna de las que hayamos visto hasta la fecha pasaría de ser mínimamente aceptable.

El principal problema de la película de Quiroga no está relacionado con la originalidad de su guión -que aunque casi nula es aceptable- sino con como está planteado. Sus protagonistas hacen lo que pueden por hacer creíbles sus situaciones, pero hay muchas que no tienen sentido ni siquiera dentro del marco fantástico que el argumento establece.
Aparecen unos cuantos baches argumentales así como ambiguedades sobre el origen real de las amenazas -jamás queda bien explicado el origen de los elementos sobrenaturales del relato y algunas secuencias "de susto" parecen metidas con calzador o simplemente mal resueltas- junto a situaciones personales de algunos personaje -la pareja de gays, el vínculo amoroso entre la chica menor de edad y uno de los hombres del grupo, las pesadillas supuestamente premonitorias del niño protagonista- que no tienen real trascendencia en la trama y terminan por hacer demasiado largo un relato al que fácilmente se le podrían restar 40 minutos de metraje o más.
La atmósfera de miedo está lograda más a golpes de efecto que otra cosa quedando reducida toda la trama en la media hora final a una fórmula que tiene más que ver con el cine de acción más rutinario que con el fantástico. Para colmo, el final prácticamente no despeja ninguna de las dudas que el mismo guión produce a lo largo de su desarrollo sino que, por el contrario, intentando generar un efecto "sorpresa" mediante el mero despliegue visual termina generando más confusión y decepción que otra cosa.
Desde lo técnico no hay mucho que objetar. Se nota el bajo presupuesto con el que contó el realizador lo que no impide que estéticamente el film resulte prolijo siendo este, junto con algunas actuaciones, sus únicos puntos realmente fuertes.
Me parece muy loable que un género que ha sido monopolizado y sobre-explotado por Hollywood siga siendo del interés de industrias cinematográficas no habituadas a su producción, lo que ha permitido dar a luz algunos estupendos exponentes como las ya mencionadas "REC" o "El Orfanato" entre tantas otras. Aún así, la película de Elio Quiroga está lejos de la calidad de ellas.
El resultado de "La hora oscura" no es mejor que el que podrían tener los episodios más flojos de seriales televisivas como "La dimensión desconocida" o "Más allá de la realidad", con la salvedad que en estos casos el tiempo quitado al espectador es bastante menor. Y su decepción también.
Puntaje: 4/10

domingo, 22 de marzo de 2009

Crítica: "Gran Torino" de Clint Eastwood

El pronto retorno del viejo Eastwood a los terrenos de la dirección y actuación conjuntas ya venía levantando expectativas desde antes del estreno de su elogiada "El sustituto". Llegado el momento de la verdad hay que reconocer que esas expectativas, más allá de algunas reservas, han quedado cubiertas. Las reservas vienen por el lado de la originalidad de lo planteado, que no es mucha; Walt Kowalsky, un viejo racista, viudo y antisocial, peleado con su familia y con su propio pasado, comienza un camino de redención y descubrimiento cuando sus vecinos asiáticos -a los que siempre detestó- le demuestran su agradecimiento por salvar la vida de uno de los suyos agredido por un grupo de pandilleros.
El "Gran Torino" del título es un automóvil clásico que será el desencadenante de toda la historia, un auto que el viejo Walt guarda en su cochera y que no conduce en toda la película pero al que ama y cuida como si de una joya preciosa se tratase, quizás por ser el vestigio de un pasado donde el esfuerzo personal tenía otro valor, un pasado que en cierta manera él añora y que, mire a donde mire, ya no puede de ver en el mundo moderno que lo rodea.

Argumento y desarrollo más propio de un telefilm que de un producto destinado al cine, en las manos y presencia de Clint Eastwood toma un realce que difícilmente otro lograría. Su actuación llena la pantalla más que cualquier otra cosa, un detalle que, irónicamente, es una de sus contras; su labor frente a cámaras opaca y por mucho a la de buena parte del elenco -mas que nada la del juvenil- dejando entrever ciertas carencias en algunas actuaciones, sobre todo en la de Thao (Bee Vang) el joven asiático al que Walt salva la vida y que termina convirtiéndose en su protegido, que luce demasiado sobreactuado e incapaz de estar a tono con los sentimientos que debe expresar. Caso contrario es el de su hermana (interpretada estupendamente por Ahney Her) bastante más vivaz y que tiene conjuntamente con el jóven sacerdote interpretado por Christopher Carley algunas de las mejores líneas de diálogo con el viejo Walt de toda la película.

El relato no se demora mucho en encontrar su camino y el público en general acepta de muy buena gana a ese viejo cuyos gruñidos, enojos e insultos racistas terminan causando más gracia que otra cosa. Por que en el fondo, Walt es mejor persona de lo que aparenta. Es un tipo al que los años y la vida han endurecido lo suficiente como para aceptar sin lágrimas la pérdida de su esposa así como muchos de los cambios que se han producido para mal en ese microcosmos llamado barrio. Esa dureza de carácter será la que lo haga enfrentarse a los pandilleros de la zona convirtiéndose en forma involuntaria -al menos al comienzo- en protector de sus vecinos, momento de auténtico gozo para el espectador en que se nos apersona aquel Eastwood de antaño más cercano al vaquero crepuscular y justiciero que interpretó en "Los Imperdonables" que al Harry Callahan de "Dirty Harry".

No faltará quien crea que muchos de los personajes son estereotipos y que hasta se le falta el respeto a muchas culturas foráneas a los Estados Unidos. De hecho, la película tuvo cierta publicidad negativa en su país debido a ese tema. Desde mi óptica, quien crea que el viejo Clint se ha vuelto xenófobo por ello sencillamente no ha entendido lo que quiere transmitir. Su película trata sobre la vejez, un tema que ha sido recurrente en su filmografía reciente -sus casi 80 pirulos de vida algo tendrán que ver en esa tendencia- y como a pesar de los años se puede seguir aprendiendo sobre los demás y sobre la vida misma, incluso de aquellos de los que menos esperábamos aprender nada.

Como dije antes, la historia no resulta demasiado original. Muchas películas han retratado tanto la vejez como la búsqueda de dignidad y redención personal desde infinidad de enfoques. La diferencia es que esta película no es de cualquiera. Es de Clint Eastwood, y eso ya la hace diferente. 


Desconozco si es real o no el rumor de que se trata de su última película.
En lo personal espero que no, pero si así fuese, "Gran Torino" es una más que respetable despedida.


Puntaje: 6/10

viernes, 20 de marzo de 2009

"El arte de matar" (Anamorph) de Henry Miller

Un asesino en serie convierte sus escenas del crimen en rebuscadas obras de arte abstracto utilizando para ello los restos de sus víctimas. La policía está perpleja y solo el detective Stan Aubrey (Willem Dafoe) logra establecer un nexo entre el demente asesino y otro que él mismo ayudara a detener varios años atrás.

"El arte de matar" viene a demostrar, una vez más, que la sombra de influencia que proyecta aquella joyita del suspenso llamada "Pecados Capitales" es muy larga. Una influencia que en el caso del film de Henry Miller. se refleja en detalles puntuales como el tenebrismo de algunas secuencias o las macabras escenas del crimen, aunque lamentablemente en nada mas que eso. La película adolece de un ritmo narrativo demasiado tedioso incapaz de generar la tensión necesaria como para mantener en vilo al espectador durante los mas de 90 minutos que dura el relato. Las continuas idas y venidas en la investigación del detective que interpreta Dafoe sumada a una subtrama mal desarrollada dedicada a mostrar ciertas tendencias obsesivas de su personaje, terminan convirtiendo la película en un muestrario de escenas de crímenes macabras, que no son tantas tampoco y que solo pueden servir para satisfacer el morbo de aquellos espectadores que solo esperen ver eso.
Lo más destacable de todo el conjunto puede que sea la banda sonora a cargo de Reinhold Heil y Johnny Klimek, cuya música brilla bastante entre tanta escena penumbrosa pero que suena con especial destaque en las secuencias de descubrimiento de los crímenes del asesino.

En resumidas cuentas, "El arte de matar" es un thriller mal llevado y mal acabado, que está muy lejos de la calidad y del nervio narrativo de la película que David Fincher dirigiera hace casi 14 años, por más que se note a la legua que esa fue su fuente de inspiración.


Puntaje: 3/10

domingo, 15 de marzo de 2009

"Hotel sin salida 2: El inicio" (Vacancy 2: The First Cut) de Eric Bross

Precuela de edición directa al dvd del thriller "Hotel sin salida" (Vacancy) que se estrenara hace tan solo un año atrás en cines con moderado éxito.

Como suele ser común en este tipo de productos, el nivel es bastante inferior al del film que le antecede, cosa que no es de extrañar porque la idea del primer film, si bien resultaba potable, no daba para mucho más. Tampoco ayudó en nada que el guionista de ambas películas fuese el mismo Mark L. Smith, a quien hasta se le podría acusar de autoplagio por no esmerarse en crear algo medianamente diferente a lo ya visto.
En este caso la historia se desarrolla unos 3 años antes de lo relatado en la primera película y los protagonistas son un trío de jóvenes que terminan yendo a parar al hotel del título, donde acaban siendo asediados por sus psicópatas encargados. En el fondo no es más que una repetición de la fórmula que aunque intenta colocarse como la revelación explicatoria de lo ya visto, no agrega prácticamente ningún elemento destacable ni sorprendente y prefiere apostar más a la sanguinolencia que al suspenso para terminar quedando como un producto innecesario e intrascendente.
Perfectamente consumible sin necesidad de haber visto la primera película e igual de olvidable también.


Puntaje: 3/10

domingo, 8 de marzo de 2009

Crítica: "Crepúsculo" de Catherine Hardwicke

"Crepúsculo" narra la historia de Bella, una pálida joven de aspecto triste que tras mudarse a la casa de su padre conoce a Edward, un misterioso chico del que se enamora sin saber que forma parte de un clan de vampiros.
Estamos ante la primera parte de una serie de novelas con las que la escritora Stephenie Meyer ganó cierta popularidad en el mundo literario estadounidense. La adaptación al cine de la misma, de la mano de Catherine Hardwicke, pretende ser también el puntapié inicial de una trilogía cinematográfica. Ambos productos tienen en común el hecho de apuntar a un mercado clarisimo; el adolescente.

"Crepúsculo" -o "Twilight" en su versión en inglés- podría definirse como un cruce entre los peores episodios de "Beverly Hills 90210" y los momentos más aburridos de "Entrevista con el vampiro" de Neil Jordan (1994).
Resulta bastante chocante ver como el mito vampírico, tan explotado cinematográficamente desde Lugosi hasta nuestros días, termina siendo virtualmente destrozado en favor de una trama que tiene más en común con los melodramas televisivos teenagers tan populares en estos tiempos, que con el cine de vampiros en sí. De hecho, da toda la impresión que tanto Meyer como Hardwicke conocen poco y nada del mito original, o peor aún, que conociéndolo lo deforman de tal manera según sus propios intereses narrativos que lo terminan convirtiendo en una pálida caricatura de lo que originalmente es. Así, se nos presenta una familia de vampiros "buenos" inmunes a las cruces, a las estacas, al sol o al agua bendita, que no viven en ataúdes ni mansiones oscuras sino en una luminosa casa típica de ricachones y que hasta juegan su propia versión de béisbol "familiar" en una de las secuencias mas bochornosamente ridículas de toda la película.

Pero el problema de fondo de "Crepúsculo" no es solo la deformación del mito. El problema es que dicha deformación responde a una historia carente de emoción genuina, aburrida por donde se le mire, que por momentos hasta se burla de la inteligencia del público adolescente hacia el cual va preferentemente dirigida. La química entre Bella, la chica humana interpretada por Kristen Stewart, y el jóven vampiro que interpreta Robert Pattinson, no funciona del todo bien, resultando de a ratos empalagosa y tremendamente conservadora. Esto último es una cualidad de fábrica de Meyer como escritora, mormona y ferviente creyente, que suele envolver a sus personajes en su propia aureola de conservadurismo pacato lastrando buena parte de la tensión sexual que este tipo de relatos tienen por naturaleza propia.
Obviamente que, para matizar, también hay vampiros malvados, rivales de los buenos, pero sus asesinatos y actos de maldad son absolutamente sugeridos anulando así cualquier posibilidad de mostrar violencia o sangre en demasía, cosa que anularía la posibilidad que el producto fuese apto para el público más juvenil.

En definitiva, estamos ante un film que por su pacatez, su inaudita ausencia de sangre a pesar de la temática tratada, así como por la lentitud en su desarrollo, no deja nada más que una sensación de tedio al terminar y la enorme interrogante de como un producto como éste pudo haber resultado un éxito de taquilla en su país de origen. Misterios del mundo del marketing, supongo.


Puntaje: 3/10

lunes, 2 de marzo de 2009

Crítica: "Viernes 13" de Marcus Nispel

Jason Voorhees ha vuelto... por enésima vez.
Tras la exitosa remake de "La Masacre de Texas", el dueto compuesto por el productor Michael Bay y el director Marcus Nispel decidió traer de regreso una de las sagas de terror slasher más emblemáticas del cine ochentero. Tal es su universalización, que hasta el título del film en inglés -"Friday the 13"- ha sido literalmente trasladado al mundo de habla hispana como "Viernes 13" pasando por encima de la tradición latina que marca que el día de mala suerte es el martes 13 y no el viernes.

Como quiera que sea, lo cierto es que era esperable que mas tarde o mas temprano el personaje de Jason Voorhees fuera retomado para las nuevas generaciones. La saga original, compuesta por diez películas -u once, si se tiene en cuenta el crossover "Freddy vs. Jason"- llegó a un punto de sobre-explotación tal de la idea original que hacía casi imposible seguir adelante con ella. Por lo tanto, Bay y Nispel decidieron partir de un punto cero dándole un nuevo origen al personaje y a la saga.

Aún así, el nuevo origen pergeniado no cambia demasiado las cosas. Este nuevo "Viernes 13" nos ofrece casi lo mismo que el film original y que casi todas sus secuelas. El motor que mueve a matar al monstruo asesino sigue siendo el mismo; la memoria de su madre, la señora Voorhees, quien inició los asesinatos de jóvenes sedientos de sexo y drogas en el mítico Lago Crystal y a los que culpó por la supuesta muerte de su hijo. Tras la muerte de ella a manos de una jóven turista que sobreviviera a la matanza, será Jason -que vuelve de la muerte sin demasiadas explicaciones- quien continúe asesinando a cualquiera que se atreva a pisar ese lugar.

Esta nueva versión, rejunta y comprime ideas sacadas de las tres primeras entregas de la saga original, como el altar con la cabeza de su madre o la clásica máscara de hockey que sustituye a la de trapo que Jason usa hasta la mitad del relato. También se evidencia fugazmente en una secuencia su deformidad facial, otra característica típica del personaje.

Los jóvenes protagonistas, casi todos actores desconocidos -salvo Jared Padalecki, protagonista de la serie "Supernatural"- al igual que en el film oríginal, siguen funcionando como meras comparsas que sirven para que Jason realice un muestrario de sus formas de matar, aunque ninguna de ellas resulta demasiado original, algo que me parece de lo más criticable en todo el asunto. Con la cantidad de recursos visuales hoy existentes, bien podrían haberse esmerado un poco más en ese aspecto.
El final, como era esperable, es totalmente abierto -y poco jugado- lo que hace también esperable una pronta continuación.

Y poco más que decir. 

A pesar de todas sus carencias y reiteraciones, es difícil criticar negativamente a un producto que, en el resumen final, no quiere ni puede ser mucho más que el producto en el que se basa, sencillamente porque sería convertir tanto la idea base como el personaje que le da vida en algo que no son.
Es muy probable que el más fanático seguidor de la saga original al igual que aquellos que busquen un pasatiempo rápido, sangriento y adrenalínico disfruten mucho de esta entrega-remake. Seguramente ellos -como yo- no se aburrirán.
Los demás, sobre todo aquellos que esperan ver cine de terror original e innovador, deberían dejarla pasar. Seguramente ésta no es su película.

Puntaje: 5/10

domingo, 1 de marzo de 2009

Crítica: "Marley y yo" de David Frankel

Es frecuente ver en nuestras carteleras cada tanto tiempo algún film que tenga como protagonista algún animalito simpático que resalte por algúna característica que lo hace especial con respecto al resto de su especie. Lo curioso de "Marley y yo" es que el animalito en cuestión -el Marley del título, un bonito labrador blanco- no resalta por ninguna cualidad en particular. Obviamente, como toda mascota es especial para su dueño, John Grogan (Owen Wilson) que relata su vida y todos los momentos, alegres y no tanto, que compartió con él durante 13 años.

Basada en el libro que el verdadero Grogan -columnista del Philadelphia Enquirer- escribiera basándose en sus columnas diarias, el verdadero valor de "Marley y yo" lo podrán encontrar aquellos que tienen o hemos tenido durante muchos años una mascota a la que pudimos llamar especial por el sentido que fuere.

Aquellos que vayan a verla esperando encontrarse con una comedia reidera, repleta de gags caninos, se llevarán una terrible desilusión. Y no es que no tenga sus momentos divertidos, que los tiene, pero el relato es básicamente una traslación de experiencias personales de lo cotidiano, que no siempre tienen la carga humorística que los aficionados más acérrimos a la comedia esperan. Por el contrario, Marley comparte con su amo todas las vivencias que se pueden tener a lo largo de mas de una década de vida juntos, lo que incluye momentos de drama y tristeza también, algunos de los cuales bordean lo artificiosamente lacrimógeno -sobre todo hacia el final- pero hábilmente tamizados por los guionistas como para evadir el facilista golpe bajo.

Obviamente, como casi todo pasaje de un libro basado en experiencias reales de su autor a un guión hollywoodense, cabe esperar cierto endulcoramiento en algunas de las situaciones narradas para hacer más vendible el producto. Por ello, resulta también más que lógico que justamente dos actores acostumbrados a la comedia como Owen Wilson y Jennifer Aniston -que parece intentar continuamente sacarse de encima su papel de "Friends"- hayan sido los elegidos para compartir la pantalla con ese simpático can. Por ahí también desfilan algunos otros nombres conocidos y con experiencia en la comedia como Alan Arkin, estupendo como siempre, demostrando que para él no existen papeles grandes ni pequeños, y una resucitada Kathleen Turner, casi irreconocible y en un estado físico que da pena, sobre todo porque estamos hablando de quien fuese uno de los simbolos sexuales de los años 80, aquí relegada a un papel de pocos minutos y casi nula trascendencia.

"Marley y yo" es, en suma, una propuesta llamativa para ver en familia, a la que quizás le sobren algunos minutos de metraje, lo que no quita que perfectamente pueda erigirse como un homenaje a la mascota que todos tenemos o tuvimos alguna vez. No pasará a la historia del cine ni por ese ni por ningún otro motivo, pero seguramente quedará en el recuerdo de muchos quienes consideran o consideraron especial a su mascota.


Puntaje: 5/10