Clyde Shelton (Gerard Butler) un padre de familia, presencia la violación y asesinato de su esposa e hija por parte de dos desconocidos que asaltan su hogar. Los asesinos son atrapados, pero para evitar que ambos evadan la prisión utilizando argucias legales el abogado Nick Rice (Jamie Foxx) hace un trato con uno de ellos para que declare en contra del otro condenándolo a la pena capital. Diez años después, el asesino ya liberado aparece descuartizado y todo indica que fue obra de Shelton que ha decidido tomar la ley en sus manos y, al mismo tiempo, iniciar una brutal venganza contra ese sistema legal al que considera fallido e injusto.
El director F. Gary Gray logró cierta notoriedad en 1998 con el estreno de "El negociador", un film de acción que nos presentaba a un policía interpretado por Samuel L. Jackson buscando justicia tras ser acusado de un asesinato que no cometió. Los métodos del personaje de Jackson en aquella película para demostrar su inocencia resultaban extremos al punto de lo increíble, resolviéndose toda la trama en una resolución demasiado apresurada y poco esmerada. De todas formas, "El negociador" resultaba un film medianamente entretenido y llevadero siempre y cuando no se tomaran demasiado en serio muchas de sus variantes argumentales. Se puede decir que en ese aspecto, "Días de furia", el último film de F. Gary Gray, tiene bastante en común con "El negociador".
La primera mitad del relato puede considerarse un planteo crítico bastante aceptable sobre las debilidades del sistema judicial estadounidense -que podría hacerse extensivo al de casi cualquier país de occidente-.
Los problemas empiezan en su segunda mitad, cuando ese padre de familia, harto de la ineptitud de ese sistema, comienza una venganza de ribetes poco menos que colosales, asesinando desde la cárcel a miembros destacados de la Justicia de Filadelfia y desatando el terror en la ciudad. Esta segunda parte decae bastante en relación a la primera, entre otras cosas porque resulta disparatada en su planteo de buscar a toda costa generar la duda sobre las misteriosas "capacidades" de ese padre interpretado por Butler que inexplicablemente encerrado en prisión sigue siendo capaz de asesinar a mansalva en el exterior para saciar su sed de venganza. Una venganza que tendrá al abogado interpretado por Foxx tanto de protagonista como de víctima, ya que al ver como sus compañeros de leyes son asesinados uno tras otro inicia un duelo personal con el asesino, tratando de descubrir los mecanismos mediante los cuales está concretando su particular vendetta.
Es en este punto donde uno debe tener claro que todas las discusiones sobre moralidad o los conceptos de justicia e injusticia planteados en la primera mitad -y hasta los límites de nuestra propia credulidad- deben ser dejados de lado, porque una vez iniciadas las explosiones y los juegos pirotécnicos ya no hay lugar para demasiados razonamientos más que los planteados por el guión que Gary Gray nos propone y que si se aceptan sin demasiado reproche, seguramente logrará hacerte pasar un rato divertido. Esto hace de "Días de furia" un entretenimiento resultón pero pasajero, cuya efectividad dependerá de la capacidad del espectador para asimilar muchas de las exageraciones planteadas sobre todo en su parte complementaria que opaca bastante el dramatismo de unos primeros minutos que, a priori, prometían otra cosa. Puntaje: 5/10



A diferencia de películas mucho mas modestas pero mejor estructuradas como "El proyecto Blair Witch", Osunsanmi cuenta con más y mejores medios técnicos, pero aún así no es capaz de crear una mitología propia y creíble que sustente con rigor lo que plantea y logre mantener el interés en forma pareja en la trama durante su hora y media de duración.


Nolan maneja estos conceptos con relativa efectivida aunque dedicandole demasiado tiempo -algo más de una hora entera de película- pura y exclusivamente a la explicación de las leyes que rigen ese universo onírico en el cual los protagonistas deberán cumplir su misión. Eso no es implícitamente malo, pero por motivos diversos, que incluyen la enorme cantidad de información que el espectador debe procesar en ese tiempo, no terminan de cuajar del todo bien lo que hace que llegada la segunda hora de metraje, en la que se desarrolla la acción más vertiginosa del relato, el espectador pueda sentirse bastante perdido y termine asistiendo solo a un conjunto de secuencias en gravedad cero y de tiroteos muy bien filmadas pero que no tienen demasiado sentido con todo lo explicado.