
En el capítulo anterior, el Jigsaw original (Tobin Bell) muere, no sin antes pasar la posta de su sangriento trabajo a un sucesor, el agente Hoffman del FBI (Costas Mandylor) . Este capítulo se centra fundamentalmente en mostrarnos, con los acostumbrados flashbacks mediante, como ambos personajes llegaron a conocerse. Básicamente eso es todo. El resto es casi un calco de lo ya visto hasta la entrega anterior dejando cualquier factor sorpresa anulado casi por completo.
La gracia del asunto a estas alturas radica pura y exclusivamente en ver como las acostumbradas y cada vez más rebuscadas trampas mortales del nuevo Jigsaw trituran, revientan o mutilan a sus selectas víctimas. Supongo que para los más acérrimos fanáticos del personaje eso será suficiente motivo para ver la película -y las que seguramente vendrán- pero ni para ellos ni para el resto habrá novedad o revelación alguna destacable.
Lo más encomiable sigue siendo el trabajo de mantener desde el inicio de la serie la misma estética oscura y lúgubre, trabajo que en las sagas de terror demasiado prolongadas en el tiempo suele perderse o directamente no tomarse en cuenta.
Fuera de detalles como este, el producto tiene tan poco para ver como para contar.
Puntaje: 3/10